Cómo abandonar tu cuerpo.


Abandona tu cuerpo y junta las manos, gana un miembro extra o transfórmate en un robot por un tiempo. El neurocientífico sueco Henrik Ehrsson ha demostrado que la imagen que el cerebro tiene del cuerpo es negociable. Las aplicaciones de su hallazgo se extienden desde las prótesis sensibles al tacto, a la robótica y a los mundos virtuales.

Leave your body and shake hands with yourself, gain an extra limb or change into a robot for a while. Swedish neuroscientist Henrik Ehrsson has demonstrated that the brain’s image of the body is negotiable. Applications stretch from touch-sensitive prostheses to robotics and virtual worlds.

Si le pregunta a un niño si sus manos le pertenecen, le responderá, “¡Por supuesto!” ¿Cómo identifica el cerebro su propio cuerpo? ¿Y por qué experimentamos nuestra conciencia como si estuviera situada dentro de nuestro cuerpo?

En una serie de estudios, el neurocientífico Henrik Ehrsson de la Facultad de Medicina sueca del Karolinska Institutet ha demostrado que la percepción que tiene el cerebro de su propio cuerpo puede variar notablemente. A través de la manipulación coordinada de los diferentes sentidos, los volunatrios podían llegar a sentir, de repente, que su cuerpo incluye objetos artificiales o que han abandonado su cuerpo por completo para entrar en otro. Sus experimentos se han publicado en la revista Science y otras revistas científicas de alto índice de impacto, consiguiendo captar la atención internacional.

“Si entendemos cómo el cerebro produce el sentimiento de propiedad del cuerpo, podemos aprender a proyectar la propiedad en órganos artificiales y simular los virtuales, e incluso hacer que dos personas tengan la experiencia de intercambiarde órganos entre sí”, dice el doctor Ehrsson. La investigación se ocupa de cuestiones fundamentales sobre la relación entre la mente y el cuerpo, que han sido un tema de discusión teológica, filosófica y psicológica durante siglos, pero que sólo recientemente han sido accesibles a la investigación experimental. La clave para resolver el problema es identificar los mecanismos multisensoriales a través de los cuales el sistema nervioso central distingue entre las señales sensoriales del cuerpo y las de su entorno. La investigación podría tener implicaciones importantes en una amplia gama de áreas, tales como el desarrollo de prótesis de mano que se sientan más como las de verdad, o de la próxima generación de aplicaciones de realidad virtual, donde se proyecta una imagen de uno mismo generadando por ordenador “cuerpos virtuales”. Los investigadores están estudiando qué tipo de órganos puede percibir el cerebro como propios. Uno puede, por ejemplo, transferirse a un cuerpo de otro sexo, edad y tamaño, pero no en objetos tales como bloques o sillas. Uno de los proyectos en curso, con potenciales aplicaciones en robótica, está examinando si el cuerpo percibido puede ser reducido al tamaño de una muñeca Barbie, y otro está estudiando si el cerebro puede aceptar un cuerpo con tres brazos. “Esto podría dar a la gente paralizada un tercer brazo protésico, que ellos percibirían como real”, dice el doctor Ehrsson.

Ask a child if their hands belong to them and they will answer, “Of course!” But how does the brain actually identify its own body? And why do we experience our centre of awareness as located inside a physical body?

In a series of studies, neuroscientist Henrik Ehrsson of the Swedish medical university Karolinska Institutet has shown that the brain’s perception of its own body can alter remarkably. Through the coordinated manipulation of the different senses, subjects can be made to feel that their body suddenly includes artificial objects or that they have departed their body entirely to enter another. His experiments have been published in Science and other leading scientific periodicals and journals, and have garnered considered international attention.

“By clarifying how the normal brain produces a sense of ownership of the body, we can learn to project ownership onto artificial bodies and simulated virtual ones, and even make two people have the experience of swapping bodies with one another,” says Dr Ehrsson.

The research addresses fundamental questions about the relationship between mind and body, which have been the topic of theological, philosophical and psychological discussion for centuries but which have only recently been accessible to experimental investigation. The key to solving the problem is to identify the multisensory mechanisms through which the central nervous system distinguishes between sensory signals from the body and from its environment.

The research may have important implications in a wide range of areas, such as developing hand prostheses that feel more like real hands and the next generation of virtual reality applications, where the sense of self is projected onto computer-generated ‘virtual bodies’.

Researchers are currently looking into what kind of bodies the brain can perceive as its own. The self can, for example, be transferred into a body of another sex, age and size, but not into objects such as blocks or chairs. One ongoing project with potential applications in robotics is examining if the perceived body can be shrunk to the size of a Barbie doll; another is studying if the brain can accept a body with three arms.

“This could give paralysed people a third prosthetic arm, which they would perceive as real,” says Dr Ehrsson.

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