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Las emociones son clave para juzgar a los demás.

Un nuevo estudio, llevado a cabo por neurocientífios del MIT, ha encontrado una nueva pieza del puzzle de cómo el cerebro de los seres humanos construye la moral. Los científicos sugieren que nuestra capacidad para responder adecuadamente a los daños intencionados se asienta en una región del cerebro asociada con la regulación de las emociones.

Los pacientes que tienen dañada un área del cerebro conocida como corteza prefrontal ventromedial, no son capaces de evocar una respuesta emocional normal a situaciones hipotéticas como en la que una persona intenta, pero falla, matar a otra persona. Por lo tanto, juzgan la situación en función sólo del resultado, y por eso no piensan que el intento de asesinato sea moralmente reprochable.

“Este hallazgo nos da una nueva pieza del rompecabezas de cómo el cerebro humano construye la moral”, comenta la Dra. Liane Young, investigadora postdoctoral del departamento de ciencias cognitivas y cerebrales del MIT, y autora principal del artículo donde se describen estos resultados y que fueron publicados el pasado 25 de marzo en la revista Neuron.

“Estamos trabajando para encontrar la estructura de la moralidad”, dice la Dra. Young. “No somos los primeros en demostrar que las emociones están relacionadas con la moralidad, pero la nuestra es una mirada más precisa sobre el papel de las emociones”.

¿Cómo lo hicieron? Trabajaron con investigadores de la Universidad del Sur de California, dirigidos por Antonio Damasio, la Dra. Young estudió un grupo de nueve pacientes con daños en la corteza prefrontal ventromedial causados por aneurismas o tumores del tamaño de una ciruela y situados por detrás y por encima de los ojos.

Estos pacientes tienen dificultad para procesar las emociones sociales como la empatía o la vergüenza, pero “su capacidad para el razonamiento y otras funciones cognitivas permanece intacta”, asegura la Dra. Young.

Los investigadores dieron a los sujetos una serie de 24 escenarios hipotéticos y le preguntó por sus reacciones. Los escenarios de mayor interés para los investigadores fueron los que ofrece un desajuste entre la intención de la persona y el resultado – o bien los intentos fallidos de hacer daño o los daños accidentales.

Cuando se enfrentaban a intentos fallidos de provocar daño, los pacientes no tenían problemas para entender las intenciones del autor, pero no pudieron hacerle moralmente responsable. Los pacientes incluso juzgaron más condescendientemente los intentos de provocar daño que los daños accidentales (como envenenar a alguien por casualidad ) un cambio total del patrón observado en adultos normales.

“Estas personas pueden procesar lo que la gente está pensando y sus intenciones, pero simplemente no responden emocionalmente a esa información”, dice la Dra. Young. “Pueden leer acerca de un intento de asesinato y juzgarlo como moralmente admisible, porque no se ha hecho ningún daño”.

Esto apoya la idea de que hacer juicios morales requiere al menos dos procesos: una evaluación lógica de la intención, y una reacción emocional. El estudio también apoya la teoría de que el componente emocional se localiza en la corteza prefrontal ventromedial.

Los próximos pasos que quiere dar la Dra. Young se centran en estudiar a los pacientes que sufrieron daños en esta región del cerebro cuando eran más jóvenes, para ver si tienen el mismo deterioro del juicio. También planea estudiar las reacciones del paciente frente a situaciones en las que los intentos de hacer daño están dirigidas al propio paciente y por lo tanto son más personales.


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