Un equipo multidisciplinar del Scott & White Memorial Hospital (Texas, EEUU) formado por neurocirujanos, neurólogos, neurofisiólogos, neuropsicólogos y un especialista en trastornos del movimiento, están ofreciendo esperanza a algunos pacientes de Parkinson con un tratamiento llamado estimulación cerebral profunda.
La DBS (de Deep Brain Stimulation) consiste en colocar un cable muy fino que produce corrientes eléctricas dentro del cerebro de pacientes con Parkinson a los que ya no les hacen nada los medicamentos, y sufren de discinesia, es decir, de movimientos anormales e involuntarios característicos de esta enfermedad.
En este centro también se están realizando investigaciones sobre los efectos de la DBS en los síntomas no motores de la enfermedad de Parkinson, como los sudores excesivos, disfunción de vejiga, depresión, alucinaciones, ansiedad y demencia, así como trastornos intestinales, pérdida del sentido del olfato, y trastornos del sueño.
“Hemos encontrado que algunos pacientes de Parkinson no experimentaron síntomas motores hasta 20 a 30 años antes de ser diagnosticados de Parkinson, lo que nos lleva a pensar que la presencia de estos síntomas podrían ser utilizados para predecir la aparición del Parkinson”, dijo la Dra. Manjit K. Sanghera, neurofisióloga del hospital Scott & White y profesora asociada y directora del laboratorio de electrofisiología en humanos del Texas A & M Health Science Center College of Medicine. “Si somos capaces de identificar mejor a las personas que están en alto riesgo de padecer Parkinson, se pueden realizar en estos pacientes terapias de neuro-protección, incluyendo el ejercicio y medicamentos.” La investigación de la Dra. Sanghera está financiado por la Fundación Plummer.
La enfermedad de Parkinson (EP) es un trastorno cerebral que se produce cuando ciertas neuronas del cerebro mueren. Cuando esto sucede, estas células no producen una sustancia química llamada dopamina, lo que facilita la correcta coordinación de los músculos. Cuando cerca del 80% de estas neuronas mueren, es cuando hace su aparición el Parkinson. Los primeros síntomas incluyen temblores, lentitud de movimientos, rigidez, dificultad con el equilibrio, letra pequeña y junta, rígidas expresiones faciales, caminar arrastrando los pies, y tono de voz bajo en las conversaciones.
“Los primeros medicamentos que se administran después del diagnóstico funcionan bastante bien durante algún tiempo, a veces toda la vida del paciente, pero generalmente, a medida que pasa el tiempo, el paciente necesita más medicamentos para controlar su Parkinson”, comenta el Dr. Gerhard Friehs, presidente provisional de neurocirugía del hospital Scott & White. “A medida que la enfermedad progresa convierte a los pacientes en potencialmente incapacitados, pero un tratamiento de estimulación cerebral profunda podría proporcionar una mejora significativa en la calidad de vida del paciente”.
La DBS trabaja mediante la inactivación de las partes del cerebro que causan la enfermedad de Parkinson y sus síntomas asociados, sin dañar el globo pálido o el núcleo subtalámico, la parte del cerebro donde se colocan los electrodos . “Estos electrodos están conectados mediante unos cables a un dispositivo, como un marcapasos, implantado bajo la piel del pecho, debajo de la clavícula”, explica el Dr. Friehs. “Una vez activado, el dispositivo envía impulsos eléctricos continuos a las áreas de destino en el cerebro, bloqueando los impulsos que causan temblores, pudiendo ser activada o desactivada por el paciente.”
Como con cualquier procedimiento quirúrgico, hay riesgos con la DBS. Hay un riesgo del dos a tres por ciento de una complicación grave y permanente, como la parálisis, los cambios en la cognición, la memoria y la personalidad, convulsiones e infección.


