Se supone que vemos las cosas como realmente son. Sin embargo, según un nuevo estudio publicado en Psychological Science, si realmente queremos algo, ese deseo puede influir en cómo vemos nuestro alrededor.
Emily Balcetis, de la Universidad de Nueva York, y David Dunning, de la Universidad de Cornell llevaron a cabo una serie de estudios para ver cómo afectan nuestros deseos a la percepción. En el primer experimento, los participantes tenían que estimar cómo estaba de lejos una botella de agua desde donde estaban sentados. A la mitad de los voluntarios se les permitió beber agua antes del experimento, mientras que a los demás se les dieron galletas saladas, lo que les provocó estar sedientos. Los resultados mostraron que los voluntarios con sed estimaron que el agua estaba más próxima a ellos que los voluntarios que habían bebido agua antes.
Nuestro deseo por algunos objetos también podría provocar cambios de comportamiento. En otro experimento, los voluntarios tenían que arrojar una pelotita hacia una tarjeta de regalo que estaba en el suelo con un valor de 25 ó 0 euros, ganando la tarjeta si la pelotita caía sobre ella. Curiosamente, los voluntarios tiraron la pelotita mucho más lejos si la tarjeta de regalo tenía un valor de 0 que si tenía un valor de 25, es decir, que cuando trataban de ganar la tarjeta regalo de 25 euros lanzaron la pelotita más cerca, porque consideraban que la tarjeta de regalo estaba más cerca de ellos.
Estos resultados indican que cuando queremos algo, realmente lo vemos físicamente más cerca de nosotros. Los autores sugieren que “estas tendencias surgen con el fin de alentar a los observadores a participar en comportamientos que conducen a la adquisición del objeto.” En otras palabras, cuando vemos que un objetivo esta cerca de nosotros (literalmente a nuestro alcance), nos motiva a seguir adelante para lograr el éxito de alcanzar dicho objetivo.

