¿Cómo pueden algunos deportistas seguir jugando un partido con un dolor que tumbaría a cualquiera?

Bert Trautmann, portero del Manchester City, jugó hasta terminar el partido en la famosa final de la copa de 1956, a pesar de sufrir una fractura de cuello que se produjo en una colisión en la segunda parte.
Del mismo modo, ¿por qué algunas personas parecen sufrir un dolor que les debilita durante mucho tiempo mientras que otros son más capaces de soportarlo? Cada uno de nosotros también podemos experimentar dolor de manera diferente en distintos momentos.
El dolor es por supuesto, algo subjetivo, variable y una experiencia muy personal que implica mucho más que una simple reacción a una lesión o daño. Y aunque los médicos sólo pueden confiar en lo que cada paciente dice sobre el dolor que están experimentando, es importante tratar de diagnosticar, vigilar y gestionar el dolor de manera eficaz.
El equipo de la profesora Irene Tracey del Oxford Centre for Functional Magnetic Resonance Imaging of the Brain ha utilizado técnicas de imagen cerebral durante los últimos años, con el objetivo de proporcionar una medida objetiva de las experiencias individuales de dolor.
Al entender cómo el cerebro procesa la información procedente de todos los sentidos del cuerpo como el dolor, pueden comenzar a recoger las diferencias entre las personas.
Sus últimos resultados, publicados el pasado 4 de diciembre de 2009 en la revista PNAS, demuestran que la personalidad de las personas influye en cómo experimentan el dolor. Las personas que son más ansiosas o que se preocupan más acerca de sentir dolor, tienen una conectividad cerebral diferente que las hacen en realidad más susceptibles a sentir dolor.
El equipo aplicó pulsos de láser a los pies de 16 voluntarios sanos y dispuestos hasta justo el momento en el que comenzaron a sentir los pulsos como dolorosos ( “puedes provocar un incremento de los pulsos de láser para que los sientas tibios, luego caliente, hasta el punto en el que dices “sí, efectivamente, ahora duele”, explica Irene.) Estos pulsos breves de láser se aplicaron 120 veces a cada voluntario, y alrededor de la mitad del tiempo el voluntario decía que era doloroso y la otra mitad del tiempo que no – incluso aunque el pulso era exactamente el mismo cada vez.
Las resonancias magnéticas (RMN) cerebrales realizadas durante los experimentos muestran que las regiones encargadas del procesamiento del dolor estaban más activas en los cerebros de los voluntarios cuando describían los pulsos de láser como dolorosos, por lo que era una experiencia real y no debido a ningún prejuicio o artefacto.
Pero los investigadores querían entender exactamente que hacía que un estímulo fuera doloroso en un determinado momento, mientras que el mismo estímulo en otro momento no lo era.
“Buscamos el período justo antes del estímulo y nos preguntamos: ¿Hay alguna diferencia en cómo ciertas regiones del cerebro están conectadas o se comunican antes de aplicar el estímulo?”, explica la Dra. Tracey. ‘La respuesta es que hay una diferencia notable.
Los investigadores se centraron en la conexión entre las parte “superiores” del cerebro implicadas en el tratamiento del dolor, y la parte del tronco cerebral que puede alterar considerablemente la experiencia del dolor, cambiando su nivel de alto a bajo.
Cuando había buen acoplamiento entre las dos zonas antes de un pulso de láser, el voluntario no sentía dolor, y cuando la conexión era pobre, el pulso se volvía doloroso.
Lo más interesante de todo, sin embargo, fue que las personas que eran más proclives a padecer ansiedad o alerta sobre el dolor (como dijeron en un cuestionario que hicieron sobre ese tema), mostraron conectividades más pobres en general entre estas regiones del cerebro.
Esta diferencia en el cableado del cerebro podría explicar cómo las personas con diferentes personalidades responden al dolor de manera diferente, indica la Dra. Tracey.
“Ahora queremos saber si nacemos con estas conexiones, o si el cerebro las forma a medida que se desarrolla,” comentó. “Es una situación como la del huevo y la gallina. Con este experiemento sólo tenemos una foto. No podemos decir qué pasa primero. “

