Leer — desde periódicos a novelas, pasando por artículos de investigación y revistas de moda — está migrando cada vez más rápido a los formatos digitales, como portátiles, móviles y por supuesto, libros electrónicos o e-books. Las librerías, respondiendo a la demanda, están ofreciendo cada vez más e-books para descargar. Otras están reeditando viejos libros en formato electrónico. Y lo último, las editoriales tradicionales están sacando ahora “vooks” (“livros”), que agregan vídeo al texto electrónico para “enriquecer” la experiencia de la lectura.
¿Hay alguna diferencia en cómo procesa la información el cerebro cuando se le presenta en formato electrónico respecto a cuando se le presenta en papel? ¿Cambia la retención o la comprensión dependiendo del medio?
Cinco expertos de diferentes áreas nos dan su opinión.
Una prueba de carácter.
Sandra Aamodt es la antigua editora jefe de la revista Nature Neuroscience. Es co-autora del libro “Bienvenido a tu cerebro:por qué pierdes las llaves del coche pero nunca olvidas cómo conducir u otros puzzles de la vida cotidiana.”
La lectura electrónica se ha ido convirtiendo en algo cada vez más fácil, a medida que las pantallas de ordenador han ido mejorando y los lectores se han ido acostumbrando a su uso. Sin embargo, la gente lee más lentamente en la pantalla, hasta en un 20-30%. Hace 15 ó 20 años, la lectura electrónica también perjudicó la comprensión comparada con la lectura en papel, pero los estudios recientes muestran que esas diferencias se han desvanecido.
La lectura en pantalla requiere un poco más de esfuerzo y por eso es más cansado, pero las diferencias son pequeñas y, probablemente sólo importa para tareas difíciles. El papel conserva importantes ventajas, para los tipos de lectura que necesitan ir hacia atrás y hacia delante , como artículos con notas o figuras.
En gran medida, la utilidad del ordenador para la lectura depende de la fortaleza de carácter del usuario. Hay abundantes distracciones en la mayoría de las pantallas de los ordenadores. La velocidad de lectura documentada en los estudios científicos no incluye los retrasos producidos por mirar el correo electrónico que acaba de llegar, o ver qué hay de nuevo en tu blog favorito. En un estudio, los trabajadores cambiaban de tarea aproximadamente cada tres minutos y tardaban más de 23 minutos de media para volver a una tarea. Estos cambios constantes de tarea cuestan tiempo e interfieren en la concentración necesaria para pensar profundamente acerca de lo que se lee.
Más allá de decodificar palabras
Maryanne Wolf es profesora en el Departamento de Desarrollo del Niño en Tufts, y autora de “Proust y el calamar: La historia y la ciencia del cerebro lector.”
Después de muchos años de investigación sobre cómo el cerebro humano aprende a leer, llegué a una conclusión perturbadoramente simple: los seres humanos no nacieron para leer. Aprendemos a hacerlo por una capacidad extraordinariamente ingenua para reorganizar nuestras “partes originales “- como el lenguaje y la visión, los cuales tienen programas genéticos que se despliegan de una forma bastante ordenada dentro de un entorno protector. La lectura no es así.
Cada joven lector tiene que diseñar cada vez un nuevo “circuito de lectura”. No hay un circuito a la espera de desarrollarse. Esto significa que el circuito puede ser más o menos desarrollado según los características del alumno: por ejemplo, la enseñanza, la cultura, la motivación, las oportunidades educativas.
Igualmente interesante, este circuito tabula rasa tiene la forma de las necesidades particulares del sistema de escritura: por ejemplo, los circuitos de lectura del chino requieren más memoria visual que los alfabetos. Esta “arquitectura abierta” del circuito de lectura hace que el lector joven desarrolle un circuito maleable para lo que el medio (por ejemplo, la lectura digital en línea, libros, etc) enfatice.
Y esto, por supuesto, es el problema en cuestión. Nadie sabe realmente cuales son los efectos sobre un joven cerebro en desarrollo de la inmersión en un medio digital . De lo que sí sabemos, y mucho, es sobre la formación de lo que conocemos como el cerebro lector experto que la mayoría de nosotros poseemos en este momento de la historia.
El libro hecho mejor.
David Gelernter, profesor de ciencias computacionales de la Universidad de Yale, es el autor de “Judaísmo: Una manera de ser,” que será publicado en noviembre. En una conversación reciente en Edge.org habló sobre su papel en la creación del streaming y la computación “en la nube”.
No todos los lectores están migrando a las pantalla de ordenador. Mientras que los libros sean baratos, resistentes, fáciles de leer donde estemos (¿qué tipo de libro es este? ¿cómo es de largo? ¿estaba leyendo por aquí la semana pasada?, “vamos a ver las fotos”), fácil de marcar, “funcionando” desde las playas hasta los casquetes polares, y sobre todo, bonito, seguirá siendo el mejor vehículo de expansión de la palabra.
Supongo que la tecnología pronto empezará a moverse en la dirección natural: integración de chips a los libros, y no viceversa. Me gustaría hacer un libro que emita un pitido cuando no encuentre una palabra, que busque su texto en línea, que descargue actualizaciones y que no pierda de vista las revisiones ni las discusiones. Todo esto sería fácil de hacer por los ingenieros si trabajaran en la encuardernación. Estos libros mejorados tendrían algunos de los rasgos negativos del texto en el ordenador – pero por lo menos, si se rompe el circuito o la batería se agota, todavía tengo un libro.
Por supuesto, el texto en pantalla va a cambiar y mejorar. Pero el aspecto físico de la lectura no depende de los aspectos negativos de las pantallas de ordenador, sino del brillo del libro tradicional – en difinitiva, las hojas que lo envuelven, el “códex” – que sigue siendo el diseño más brillante de los últimos mil años. Los tecnólogos (como de costumbre) han decretado su desaparición, sin tomarse la molestia de entenderlo. Ellos cometen el mismo error que los inteligentes visionarios han hecho durante medio siglo en la predicción de la muerte de los automóviles y su sustitución por tecnología más elegante. El problema es que a la gente le gustan los coches..
Los efectos de la distracción perpetua.
Gloria Mark es profesora del Departamento de Informática de la Universidad de California, Irvine. Estudia la interacción hombre-ordenador.
Cuando el primer PC entró en los hogares en los 80, se hicieron numerosos estudios comparando los efectos de leer en una pantalla en comparación con el papel, mostrando que la lectura era más lenta en un pantalla. Sin embrago, las pantallas han mejorado enormemente desde entonces, y ahora, con los monitores de alta resolución, la velocidad de lectura no es muy diferente de la lectura en papel.
Entonces, ¿qué es diferente? No es sólo una cuestión de comparar los tiempos de reacción o de comprensión de lectura, sino de toda la experiencia. Leer un libro de Google permite al lector buscar palabras o pasajes en el texto. Sin esfuerzo para saltar a una sección jugosa o volver atrás y volver a leer una parte memorable. En contraste, cuánto tiempo tarda en buscar un pasaje particular en un libro de papel, a menos, claro está, que esté marcada o la esquina de la página esté doblada.
El hipertexto ofrece muchísimas ventajas. Si durante la lectura en línea se encuentra con el nombre de “Anteo” y olvida la mitología griega, un enlace le llevará directamente a una fuente en línea donde se le recuerda que él era el gigante de Libia que luchó contra Hércules. Y si usted es propenso a la distracción, puede seguir otro enlace para conocer su linaje, y así sucesivamente. Esa es la dualidad de los hipervínculos. Un enlace le lleva a la información más rápido, pero es también una distracción.
Un nuevo concepto de lectura
Alan Liu es catedrático y profesor de Inglés en la Universidad de California en Santa Bárbara, donde investiga la relación entre literatura y la cultura de la información. Está a la cabeza del grupo de investigación multicampus Transliteracies en la U.C. sobre lectura online y tecnologías.
Al principio, cualquier medio de información nuevo parece que degrada la lectura, porque perturba el equilibrio entre la atención focal y periférica. Esto fue lo que pasó cuando se inventó la escritura, que Platón se quejó sobre la pérdida de la memoria focal. Del mismo modo, la hermana de William Wordsworth (impulsor de la era romántica en la literatura inglesa) se quejaba de que su hermano malgastó su mente con los periódicos diarios. Se necesita tiempo y adaptación antes de que un equilibrio pueda ser restaurado, no sólo en la “mentalidad” del lector, como les gusta decir a los historiadores del libro, sino también en los sistemas sociales que completan el entorno de la lectura.
Hoy en día, los medios digitales hacen un pobre trabajo tratando de equilibrar la atención periférica y focal. Oscilamos entre dos tipos de malas lecturas. Sufrimos visión de túnel, como cuando se lee una sola página, párrafo, o incluso “una palabra clave en un contexto”, sin un sentido organizado del todo. O sufrimos distracción marginal, como con los feed o blogrolls del margen de los blog.
Mi grupo de investigación sobre lectura en línea (Proyecto Transliteracies de la Universidad de California) se ha dado cuenta de que necesitamos un nuevo conjunto de metáforas de orientación. Muchos de los entornos comercial, académico y open-source se rigen a día de hoy por las metáforas de lo que yo llamo “estructuras contenedoras”.



yo, por mi parte, pienso comprarme un libro electrónico estas navidades;)
Yo te recomendaría esperar. Los modelos que están en el mercado ahora mismo están muy verdes.