Al anatomista, antropólogo y cirujano francés Pierre Paul Broca (1824-1880) se le recordará siempre por sus descripciones de dos pacientes que habían perdido la capacidad de hablar después de sufrir una lesión en el lóbulo frontal izquierdo del cerebro. Las observaciones de Broca de estos pacientes, y las conclusiones a las que llegó después de los exámenes post-mortem, llevaron a grandes avances en la comprensión del cerebro y en la organización de las fundaciones de la neuropsicología moderna.
En 1859, Broca fundó la Societe d’Anthropologie de París. Dos años más tarde, ya habían surgido debates acalorados: uno sobre la relación entre el tamaño del cerebro, la raza y la inteligencia, y el otro sobre la localización de las funciones cerebrales. En este último, uno de los principales defensores de la teoría de la localización era Franz Joseph Gall (1758-1828), fundador de la frenología. Gall, entre otros, pensaba que la capacidad de generar lenguaje residía en los lóbulos anteriores del cerebro, pero la mayoría de los miembros de la comunidad científica eran cautos; algunos argumentaban que Phineas Gage proporcionó evidencias contra la teoría de que el lenguaje estaba localizado en los lóbulos anteriores. Gage, trabajador del ferrocarril, había sufrido una grave lesión en el lóbulo frontal en 1848 cuando una vara de hierro salió propulsada a través de su cráneo, pero había conservado la capacidad de hablar después del accidente.
Otro partidario de la teoría de la localización era Ernest Aubertin (1825-1893), que presentó sus datos a la Societeel 4 de abril de 1861. El suegro de Aubertin, Jean-Baptiste Bouillaud (1796-1881), un partidario de Gall, había observado una unión entre la afasia y los lóbulos frontales en 1825, y ofreció 500 francos a cualquiera que fuera capaz de provocar una afasia a un paciente sin la región del lóbulo frontal. Aubertin había visto docenas de pacientes afásicos con lesiones en el lóbulo frontal, y continuaba apoyando a Bouillaud. La asociación entre lesiones en el lóbulo frontal, afasia y parálisis de la parte derecha del cuerpo habían sido extensamente documentadas en la década de 1830 por el neurólogo francés Marc Dax (1771-1837), pero, por alguna razón desconocida, no publicó ni presentó sus resultados; salieron a la luz cuando su hijo los publicó en 1865. En la Societe, Aubertin desafió a Broca: dijo que si Broca o algún otro eran capaces de encontrar un paciente afásico sin lesiones en el cortex frontal, renunciaría a sus opiniones. Broca, quien hasta entonces había parecido algo indiferente al debate de la localización de las funciones, de repente se interesó.
Pocos días después del desafío de Aubertin, Broca encontró su primer paciente afásico, un hombre llamado Leborgne. Broca trabajaba por aquel entonces en el Hospital Bicetre, en los suburbios del sur de París. Leborgne había sido ingresado cuando tenía 21 años, incapaz de hablar desde hacía algún tiempo, pero por lo demás sano e inteligente. Alrededor de 10 años después de su ingreso, Leborgne empezó a perder la movilidad de su brazo derecho; la parálisis se extendió posteriormente a la pierna derecha, tras lo cual quedó permanentemente postrado en cama. En Abril, Leborgne desarrolló una inflamación gangrenosa, y fue llevado a los cirujanos del hospital, donde Broca le vio por primera vez. Leborgne murió el 17 de abril de 1861, solo 6 días después de que Broca le viera por primera vez. No obstante, este primer caso fue el más famoso de Broca. Una vez muerto Leborgne, Broca cogió su cerebro y lo examinó: encontró una gran lesión en el lóbulo frontal del hemisferio izquierdo, tal como Aubertin había predicho, y determinó que había sido causada por sífilis. Al día siguiente, Broca presentó el cerebro de Leborgne, los resultados de su examen, y una descripción de sus síntomas a la Societe d’Anthropologie
No podía pronunciar más de una sola sílaba, la cual repetía dos veces seguidas; respecto a la pregunta que se la hacía, siempre respondía: tan, tan, combinada con varios gestos. Por esto, en todo el hospital, se le conocía con el nombre Tan…[en la autopsia se encontró que] la mayoría de las circunvoluciones frontales estaban completamente destrozadas. El resultado de esta destrucción de la substancia cerebral era una gran cavidad, capaz de alojar un huevo de gallina, y rellenada de suero. La laxitud se había extendido hasta el pliegue que asciende del lóbulo parietal, y por debajo del pliegue marginal del lóbulo temporal-esfenoidal; finalmente, en el interior, [extendido a] la región de la ínsula y el núcleo extraventricular del cuerpo estriado; la lesión de este órgano era la que era responsable de la parálisis de los dos miembros del lado derecho. Sin embargo.el primer lugar de la laxitud es la parte media del lóbulo frontal del hemisferio izquierdo; es allí donde se encontraron las lesiones más grandes – las más avanzadas y antiguas.
La presentación de Broca del cerebro de Leborgne a la Societe había proporcionado la primera prueba firme anatómica de la localización de la función cerebral. Y, ese mismo año, se envió un segundo paciente con síntomas similares a los de Leborgne. Este paciente, llamado Lelong, era un hombre de 84 años que había tenido un infarto un año antes; como consecuencia, solo era capaz de pronunciar cinco palabras: ‘oui’, ‘non’, ‘toujours’, ‘toi’ y ’Lelo’ (que significan respectivamente, ‘si’, ‘no’, ‘siempre’, una mala pronunciación de ‘trois’, que significa ‘tres’, que usaba para representar cualquier número, y una mala pronunciación de su nombre). Una vez examinado, Broca encontró que la lesión del cerebro de Lelong estaba aproximadamente en la misma región que la de Legorne. En una reunión en la Societe d’Anatomie, Broca declaró que “la lesión ocupaba exactamente el mismo lugar que en el primer caso – inmediatamente detrás del tercio medio, frente a la ínsula y precisamente en el mismo lado.” Broca posteriormente examinó el cerebro de otros pacientes con perturbaciones en el habla, y encontró que también habían sufrido lesiones en la tercera circunvolución del lóbulo frontal izquierdo. En conjunto, estos pacientes le dieron a Broca la confirmación de que “la integridad de la tercera circunvolución frontal ( y quizás la segunda) parecían indispensables para el ejercicio de la facultad de generar lenguaje.”
Broca llegó a ser uno de los mayores defensores de la teoría de la localización, pero remarcando que la localización del habla difería de la de los frenólogos. Respecto a Phineas Gage y otros casos que parecían contradecir la teoría de la localización, Broca creía que sólo en la mayoría de las personas diestras el habla estaba localizada en el hemisferio izquierdo. En los zurdos, quizás residía en el hemisferio derecho. Broca fue más allá sugiriendo que el hemisferio derecho podría encargarse del habla si el hemisferio izquierdo era dañado a una temprana edad. Debido quizás al estatus de Broca, un distinguido científico y médico, fundador y secretario de la Societe d’Anthropologie, al final las comunidades científica y médica llegaron a aceptar que el habla estaba localizada en el cortex frontal. A partir de entonces, Broca se refirió a la tercera circunvolución del lóbulo frontal izquierdo – posteroinferior giro frontal, en la terminología moderna – como la circonvolution du langage. Pensaba que sus pacientes eran capaces de entender todo lo que se les decía, y se refería a la pérdida del habla que había observado como ‘aphemia’. Más tarde, el pionero neurofisiólogo escocés David Ferrier llamaría a esta región del cerebro circunvolución de Broca, y en 1864 Armand Trousseau renombraría a la falta de habla resultante de un daño en ese área como ‘aphasia’. La circunvolución de Broca finalmente pasó a llamarse área de Broca, y al déficit en el lenguaje asociado con ésta área se le conoce como afasia de Broca.

Vistas laterales de los cerebros de Leborgne (izquierda) y Lelong (derecha). Broca preservó los órganos sumergiéndolos en alcohol; él mismo los donó a el Musée Dupuytren en Paris.
Hoy en día es ampliamente aceptado por los neurólogos que el área de Broca es al menos una de los dos centros del habla localizados en la superficie lateral del hemisferio izquierdo. Se piensa que el área de Broca está implicada en la generación del lenguaje; se encuentre inmediatamente anterior, y puede ser considerada como una parte, de la corteza primaria motora. El área de Broca controla los músculos de la boca y laringe necesarios para la vocalización; de ahí que a la afasia de Broca a veces se le llama afasia motora. (El otro centro del habla se llama área de Wernicke; estudios clínicos han demostrado que las lesiones en esta área provocan la incapacidad de entender el lenguaje. Por lo tanto el área de Wernicke está implicada en la comprensión del lenguaje. Se localiza más atrás, en el lóbulo temporal superior del hemisferio izquierdo, y está conectada al área de Broca por un haz de fibras nerviosas llamada fascículo superior longitudinal)
Esta suposiciones sobre la localización y función del área de Broca se mantuvieron durante mucho tiempo son la base de cientos de estudios clínicos. Los síntomas de la afasia de Broca incluyen dificultad en encontrar las palabras adecuadas y articularlas adecuadamente, y problemas con la repetición y producción de frases con estructuras gramáticas complejas. Los neurólogos normalmente atribuyen todos estos síntomas a una lesión en el área de Broca. En numerosos estudios de neuroimagen. la activación del área de Broca es tomada como una clara evidencia de que los centros del lenguaje están siendo reclutados mientras se realiza la tarea, pero recientes evidencias obtenidas de pacientes con problemas en el habla sugieren que otras regiones del cerebro están también implicadas en la producción del lenguaje.
Sin embargo, los resultados de varios estudios llevados a cabo en los últimos años, sugieren que estas suposiciones son una simplificación excesiva, y que la relación entre el área de Broca y la afasia de Broca es más ambigua de lo que se pensaba inicialmente. Por ejemplo, estudios de lesiones en pacientes con problemas en el habla muestran que la afasia de Broca se da a veces como resultado del daño en la zona que rodea a la corteza frontal, en la sustancia blanca subyacente, o incluso más profundamente que la superficie del cerebro, en la ínsula o en los ganglios basales. Además, observaciones en pacientes con problemas en el habla, muestran que el daño en el área de Broca provocaba una interrupción temporal del habla: pacientes con nuevas lesiones en ese área permanecen a menudo mudos durante varias semanas después del accidente, pero la capacidad de hablar vuelve pronto. Por el contrario, Leborgne, Lelong y otros pacientes examinados por Broca sufrieron una grave y persistente afasia. Estos hallazgos juntos sugieren que el área de Broca no es la única región del cerebro implicada en la producción del lenguaje.
Un estudio de neuroimagen de los cerebros de Leborgne y Lelong, publicado a principios de año en la revista Brain, sugiere que los neurocientíficos necesitan re-evaluar sus ideas sobre el área de Broca, o al menos, reconsiderar la nomenclatura que se usa para describir la localización de esta área. Nina Dronkers, de la VA Northern California Health System en Martinez, y sus colegas, recogieron las cerebros de Leborgne y Lelong del Musee Dupuytren de París, y los llevaron al servicio de neuroradiología del Centro Hospitalario de Oftalmología de Quinze-Vingt. Allí, Dronkers y su grupo reexaminaron los cerebros utilizando imágenes de resonancia magnética de alta resolución (RMN). Aunque recientemente se han hecho dos estudios de neuroimagen del cerebro de Leborgen, el cerebro de Lelong ha permanecido en el museo de París sin examinarse desde el siglo XIX.
Este nuevo examen reveló que en ambos cerebros, la lesión más extensa no está en la parte frontal de lóbulo, comunmente llamada área de Broca, sino más bien en la región justo anterior a esta. Por lo tanto, el área considerada crucial por Broca para la generación del lenguaje no es la misma región que hoy es llamada área de Broca. Es más, en ambos cerebros, tanto en el de Leborgne como en el de Lelong, la lesión se extiende más profundamente que la superficie lateral del lóbulo frontal de lo que el informe de Broca sugirió, y es probable que estas lesiones más profundas contribuyeran a los déficits en el habla en los pacientes que las presentaban. Pero Dronkers hace hincapié en que estos hallazgos no quitan mérito en ningún modo al excepcional trabajo de Broza. Broca, de hecho, había notado que las lesiones se extendían posteriormente a la tercera circunvolución del lóbulo frontal de Leborgen, pero sugirió que estas lesiones se habían producido después de la aparición de la afasia de Leborgne, y que no estaban relacionadas con las alteraciones en el haba. Durante sus exámenes, Broca decidió no diseccionar los cerebros, por lo que solamente pudo evaluar el daño superficial, y sólo dedujo el alcance de las lesiones a estructuras más profundas. “Afortunadamente,” escribe Dronkers, “Broca tuvo la previsón de guardar estos cerebros históricos, y de algún modo, Leborgne y Lelong pueden hablarnos más claramente hoy de lo que lo hicieron hace 140 años.”

